El otro día hubo un momento cuando me comporté como todos esos sangrones engreídos que se la pasan corrigiendo a la gente cuando habla, para decirles que dicen mal las cosas. Siempre me chocaron ese tipo de personas… y ahora veo que por motivo de mi trabajo me he convertido en una de esas personas.
Claro, habrá quien diga que yo siempre he sido así, pero a esas personas les digo: «callate pinche loco tú».
En fin…
Resulta que una de mis compañeras de trabajo me pidió que le ayudara a revisar que no hubiera errores en una presentación. En cuanto pudiera
accesar su computadora, podríamos revisar los documentos.
Como corresponde a una persona de mala calaña, le largué esta porción de sabiduría y pericia lingüística:
—Si quieres comenzamos de una vez: no se dice "accesar", sino "acceder".
—O sea, ¿mi mamá me enseñó a hablar mal?
Balbucí algún sinsentido y pretendí que tenía asuntos pendientes para alejarme en cuanto pude.
Supongo que es algo similar al problema al que se enfrentan las Academias de la Lengua cuando tratan de establecer algunas normas que van en contra del uso general. «¿Acaso no nos enseñaron a hablar bien nuestras mamás?»
Bueno, nuestras mamacitas nos enseñaron a hablar muy bien, gracias por preguntar, pero a veces me pregunto si esta costumbre chocante de andar blandiendo los diccionarios unos contra otros en realidad sea lo más conveniente en este mundo mundial de 500 millones de hispanohablantes que tienen costumbres tan distintas por habitar en muchos países del planeta.
Quizá en poco tiempo tendremos que entender que existirá un español "académico" y uno
real. No sé… Mientras, voy a intentar no meter la pata tan seguido y dejar de corregir a todos aquellos que aprendieron en el regazo materno cosas como "troca (en lugar de camioneta de carga), reca (en lugar de grúa automovilística), aplicación (en lugar de solicitud), mouse (en lugar de ratón de computadora, qué ridiculez, caramba, que yo digo mouse también), aseguranza (en lugar de seguro médico o del que sea)", y, por supuesto, "accesar".
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