martes, 24 de junio de 2008

My two left feet

Look at these shoes… Ain't they ugly sumbitches?

Well, they are called "Z-Coil" shoes. What are they for, you might ask, besides making people laugh at you?

You see, there's people like me, who spend a considerable amount of hours during the day either walking or standing up, so at my advanced age of thirty-nine Junes I developed some sort of tendonitis, where my stupid Achilles' heel tendon swells and makes my legs and feet hurt.

No, I'm not making shit up, alright? My doctor told me so. He said, "You're just too damned fat, and your feetsies can't take that kind of pressure, man… Lose some tummy-flab, or buy some high-heeled shoes to get rid of the pain."

Did I try to lose weight first? HA!

I went looking for shoes that could help me with the pain, and I came across these stupid-looking shoes on the Internet. So I went, got measured and tested, and got my shoes custom-fitted to my tamale-like feet.

So people ask me everyday, "are they helping you?"

"Well," I say to them, "you have to get used to using them, and it's really weird. But because the spring absorbs most of the shock of walking, my feet don't hurt no more. No more pain."

But I wonder: Do I say it because the shoes have really helped me, or because I don't want to look like a moron for having spent TWO HUNDRED U.S. dollars in fugly-ass-looking shoes that don't do dick for me??

D

lunes, 23 de junio de 2008

Mensaje de "Aristroide"

Aristroide, administrador del foro literario Aristas, me mandó un mensaje para "quien corresponda":

"Querido DNAZ FRANCO y anexas:
Tus múltiples clones e identidad principal en el foro Aristas quedan a partir de este momento borrados. Mantenme al tanto si quieres que, aparte de borrar tu perfil, usemos Napalm en tus contribuciones y las hagamos desaparecer para siempre.

Y como dijeran los mexicanos: «A la chingada con lo que no sirve».
Fue un placer conocerte.

Aristroide,
Galeote hidrofóbico"



D

domingo, 15 de junio de 2008

El nuevo Nuevo Estoicismo

El nuevo Nuevo Estoicismo

Introducción

La confesión de creencias e ideas personales al público en general siempre acarrea el riesgo del ridículo en algunos casos extremos, y quizá esa sea la razón por la cual titubeo al escribir estas palabras.
Las posibilidades de que coincidamos por completo son casi inexistentes, pero siempre es excitante aprender puntos de vista nuevos, aunque a uno le parezcan repulsivos o contrarios: “Retén lo bueno; desecha lo malo”, dice el viejo refrán.
Pero antes de empezar quiero mencionar un par de cosas.

Primero: Es de esperarse que el primer impulso de cualquier persona pensante sea esa “reacción de reflejo”, de dudar la sinceridad de cualquier tipo de declaraciones deístas, místicas o moralistas. En este caso en particular, pido que aquello no sea el enfoque para esta lectura. Para ese fin, acepto sin rebatir que es cierta la acusación de que cualquier creencia en lo numinoso va más allá de lo racional. También declaro que yo creo en la existencia de una Entidad “omni-lo-que-sea”, más allá de todo entendimiento. Esta es la diferencia principal entre el Estoicismo clásico, y el nuevo Nuevo Estoicismo (derivado del novi stoici achacado a Justus Lipsius por Jean Calvin), la substitución en la preeminencia concedida a una creencia vaga, lo que los antiguos conocían como “la ley natural” (y que hoy conocemos como “ciencia”), por esa creencia insondable en un poder más allá de todo límite (que algunos reconocemos como Dios).
Segundo: Se rumora que la invención de los Jesuitas para gestionar el surgimiento de apóstatas, sobre todo al enfrentarlos en discurso, fue el argumentum ad hominem en cualquiera de sus tres variantes. Si fuera posible evitar ese tipo de argumentos, lo preferiría. Aun así, le doy la bienvenida a todo punto de vista del que quiera comentar este ensayo.

Vale la pena mencionar que los esfuerzos, ya sean profesionales o amateurs, para reconciliar las ideas estoicas con el cristianismo son casi tan antiguas como el cristianismo mismo. La dificultad para poner en práctica una actitud filosófica reside en el hecho de que pocas personas están dispuestas a aceptar que su idiosincrasia en la vida cotidiana pueda considerarse como “filosofía”, confundiendo el término con alguna práctica esotérica y misteriosa que requiera de aparatos especiales y muchas horas de ocio. Pero la realidad es que el análisis de lo que es bueno y útil, y también de lo contrario, en la vida personal de cada individuo es en sí una práctica filosófica. En ese aspecto, las ideas de los antiguos estoicos pueden sopesarse durante los momentos más comunes y corrientes del día sin gran dificultad. La verdadera dificultad para usar esas ideas estoicas reside en el hecho de que originalmente se ajustaban más a estilos de vida panteístas, materialistas y deterministas. Pareciera que en el aspecto ético, un cristiano puede beneficiarse de ideas estoicas, pero en el plano de lo físico, el estoicismo debiera ser repudiado. De hecho, el “estoicismo cristiano” es una contradicción en términos; sin embargo, cabe la posibilidad de sacarlo adelante y hacerlo funcionar, así como San Agustín, que pareciera ser el único patriarca de la iglesia que estaba simultáneamente a favor y en contra de ideas estoicas, como la apatheia, por ejemplo.
A continuación intento explicar qué significa para mí este concepto de nuevo estoicismo, y cómo lo aplico yo en mi vida cotidiana.

Dos declaraciones iniciales

Hay dos frases que describen lo que debería ser una vida estoica, pero que son difíciles de aceptar inicialmente:
  • “Vive congruentemente con la naturaleza,” en donde la natura se define como la expresión de la voluntad de Dios en el mundo material.
  • Solamente al dejar a un lado la pasión, los pensamientos injustos y la indulgencia consigo mismo y al realizar su deber con la disposición correcta puede el individuo alcanzar la verdadera libertad.

Las cuatro virtudes

Suponiendo que una persona acepte las dos declaraciones anteriores, la manera en que ha de proceder en toda situación, cada día, requiere del esfuerzo constante y esmerado en percibir los acontecimientos a través de cuatro enfoques básicos, y encauzar su respuesta por los mismos. Estos incluyen:
  • Sabiduría – Se dirige principalmente a la acumulación de conocimientos para uno mismo, y es la capacidad de discernir o juzgar lo que es cierto, correcto o duradero.
  • Prudencia (o Temperancia) – Significa demostrar previsión, precaución y discreción en las acciones que uno toma; es no actuar descuidadamente e imprudentemente. Se relaciona cercanamente a la Temperancia (moderación) y da lugar a las actitudes virtuosas de abstinencia, castidad y modestia.
  • Coraje (o Fortaleza) – Es la fuerza mental que le permite a uno a soportar dolor o adversidad de manera resoluta.
  • Justicia – La defensa de cualquier cosa que concuerde con lo que es moralmente correcto, especialmente el trato imparcial y la recompensa debida de acuerdo al honor, a los criterios o a la ley.

Las cuatro pasiones

Las virtudes, que son más bien la expresión de la voluntad propia sobre el instinto, son contrapunto a las cuatro pasiones:
  • Aflicción – Es la contracción de una idea irracional de que algo malo está presente, por lo que se piensa correcto deprimirse.
  • Temor – Es una aversión o evasión irracional de un peligro anticipado.
  • Codicia – Es un deseo o búsqueda irracional de un bien anticipado.
  • Presunción – Es la jactancia irracional de que algo bueno está presente, por lo que se piensa correcto vanagloriarse.

Conceptos erróneos

El término “estoico” en tiempos modernos se define de manera limitada como un adjetivo para alguien ecuánime ante las tragedias. Pero el término más bien se refiere a una persona que mantiene esa ecuanimidad ante las pasiones de la vida diaria, las cuales no son inevitables, pero pueden conducirse a actitudes beneficiosas o hasta morales con el uso de la razón. Es cuestión de identificar los sentimientos que uno tiene y redirigirlos de la mejor manera posible, reconociendo que es posible fallar.
Otro término útil para quien practique el nuevo estoicismo es la “apatía”. No se trata del concepto moderno, que más bien es sinónimo de dejadez, del abandono de uno mismo y las pertenencias por pereza. Más bien la apatía es la indiferencia ante lo que es externo y fuera de alcance. Lo único por lo que cada quién puede responsabilizarse es por sus representaciones y criterios. Por lo tanto, todo lo que está fuera del alcance tanto de la razón propia como de las aptitudes individuales, que sean indiferentes para uno.
También es inapropiado el concepto de “felicidad”, como se usa actualmente, para describir la felicidad que se busca con las cuatro virtudes. No es alegría al grado de paroxismo orgásmico, sino una sensación de estar conforme con lo que actualmente “es”, y sin angustiarse por “lo que podría ser”. Es estar satisfecho; es reconciliar lo que uno necesita con lo que uno tiene; es estar “contento”.

Preceptos básicos

  • Se ha de vivir en acuerdo con la Naturaleza, ya que es sólo una expresión de la voluntad de Dios.
  • La unidad de todos: Que no haya cisma.
  • El mundo externo se mantiene a base del intercambio natural entre fuerzas opuestas (poioun (activo)/yin, paskhon (pasivo)/yang).
  • Cada quien puede tener una conexión individual con el Todo.
  • Cada alma tiene libre albedrío para actuar, y la acción del alma es la opinión.
  • Se ha de vivir con simpleza a base de moderación y frugalidad.
  • El crecimiento espiritual proviene de la búsqueda activa del bien.
  • La Virtud es el único bien, y el Vicio es el único mal, y todo lo demás es indiferente.
  • Las Virtudes Cardinales son la Prudencia (o Temperancia), la Justicia, la Fortaleza (o Coraje) y la Sabiduría.
  • El sendero hacia la felicidad personal y paz interior es a través de la extinción de todo deseo de tener o de afectar cosas más allá del control propio, y a través de vivir en el presente por el presente sin esperanza ni temor del futuro, y más allá del poder de las opiniones.
  • Se adora a Dios de mejor manera en el altar del corazón, por el deseo de conocerle y obedecerle.
  • El Materialismo y el Determinismo deben considerarse con escepticismo.

Conclusión

Pareciera anacrónico o hasta anticuado tratar de vivir en el moderno siglo XXI siguiendo los preceptos que estaban de moda trescientos años antes de Cristo, y que de alguna manera u otra se han filtrado en diferentes aspectos hasta el presente. Mi acercamiento a estos conceptos me parece más apropiado compararlo al resurgimiento que tuvieron con el movimiento de Nuevo Estoicismo que sucedió durante el Renacimiento (dicho sea que ninguno de los que han sido designados como parte de esta disciplina se consideraban seguidores de nada, y ni siquiera tenían un nombre en particular para las ideas que profesaban, sino que es una designación histórica, más que nada), por motivo de que no creo que haya ninguna otra persona que profese lo mismo. Quizá haya quien diga tener ideas parecidas a las mías, no lo sé.
Tal vez todas estas ideas posmodernistas estén más influenciadas por el humanismo que heredamos del Renacimiento, que por los clásicos, pero por algún motivo que no puedo definir resuenan dentro de mí con fuerza.
Ojalá que mi desconexión afectiva (la cual confieso cada que tengo oportunidad de hacerlo, pero que nunca ha sido diagnosticada formalmente) no sea lo que me impulse a adoptar esta ideología y repudiar otras más redolentes de misticismo; sin embargo, no veo ninguna otra manera más efectiva de hacerle frente a un mundo tan lleno de incertidumbre e inundado de información trivial como el nuestro. Así vivo mi vida, y así le enseño a mis hijos a enfrentar las situaciones. No queda más que rogarle a Dios que no esté completamente equivocado. “Cumple primero con tus obligaciones”, siempre insisto. Pero puedo fallar.

“Es irracional desear lo que no es la voluntad de Dios, así que harmonízate con tu naturaleza interior y vive felizmente”. —Marcus Aurelius (creo)

lunes, 2 de junio de 2008

Fêdor Ferreira y Ernest Franco

El otro día estuve meditando sobre una acusación que me hicieron hace poco. Me acusaron de haber estado leyendo a Ferreira, lo cual confieso que es cierto, y que su estilo estaba influyéndome, lo cual confieso que no es cierto. Lo que sí es cierto es que siempre me dejo influenciar por todos y cualquiera que escriba mejor que yo, que son legión a mi manera de ver las cosas. Obvio, si hay cosas que logra Ferreira mejor que yo, claro que voy a intentar plagiarlo hasta que se presente a mi casa acompañado de su mejor abogado y su peor guardaespaldas. Pero se tendrá que formar en la fila de todos los otros que me he "fusilado" antes.
Dejando fantasías fofas a un lado, también resulta que recientemente escuché un comentario de algún personaje comentarista literario en la televisión, diciendo que, aunque Ernest Hemingway confesó en su "A Movable Feast" que una de sus mayores influencias fue el escritor Dostoevsky, secretamente estaba celoso de Fêdor por su genio innato.
¿Será el caso igual para mí? Pues no creo: Ni Ferreira es el precursor de otra ola de Existencialismo, ni yo me largo a correr con los toros en Pamplona.
Pero cosas más extrañas han sucedido…

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