El gran autor de la virtualidad, Daniel Ferreira, comenta lo siguiente sobre mi texto "Alameda Central":
Estoy casi seguro que es una reseña positiva… Como sea, vayan al "Cabaret Cré Nom" y lean al señor Ferreira, si es que gustan leer literatura moderna.
D
Primera colaboración del escritor greengo-mexicano, Daniel A. Franco (Ciudad de Mexico, 1968), para las páginas del Cabaret. Si empezamos por admitir que el perfil biográfico que vamos a presentarle es del todo imaginario (por acudir a la autoridad citaríamos a Marcel Schwob), se hará evidente el respeto al principio de confidencialidad, casi obligado para un Lupanar de ley. Poco sabemos de este escritor con voz de cloaca y pulso aéreo. Si el recurso a la oralidad, a la dimensión coloquial del lenguaje, a sus configuraciones más fugaces, ha venido a colorear (en el sentido más Mary Poppins de la palabra - una institutriz cursi, lisérgica y villana al mismo tiempo) la larguísima producción de tedio de las literaturas más recientes, cualquier infracción a ese uso de enmascaramiento de la penuria verbal nos es devuelto, al menos como ilusión, como un lenguaje flamante y vivo. La revitalización del lenguaje literario a través de la incorporación del habla cotidiana, slogans y marcas registradas, ha servido de antifaz a la literatura nacida de la semi instrucción y el narcisismo vital. La realidad no se encarna en sus textos; pero tampoco sus textos suscitan ninguna realidad. La doble hipótesis de la autonomía de la obra de arte respecto a la realidad, o de su dependencia, queda cancelada. El lenguaje no hace más que enunciarse a sí mismo, encadenando repeticiones, aproximándose con demasiada velocidad a un simple catálogo de vocabulario, al dictado de un diccionario intonso. El uso que Franco hace del lenguaje inmediato y familiar, al contrario, sigue enunciando a quien lo profiere... o mejor dicho, queda colgado de la máscara que lo masculla y perpetra. Acude a la caricatura y al grotesco, pero respetando las proporciones áureas del esperpento, su perspectiva corrediza; nos devuelve los reflejos desde una bola de alumino, acelerando los rasgos en el convexo hasta trocarlos en una mueca cercana a la tara, pero es la humanidad tarada de los personajes la que nos encara. Como sea, los ponemos ante un texto delicioso, desde el diálogo endiablado y rápido como bajada de calzón de puta, hasta el monólogo interior, la corriente de conciencia, una corriente sincronizada con los tiempos: llena de desperdicios feclaes, ratas de caño y diez veces más papel higiénico per cápita del necesario para una cabal limpiada de trasero cada uno.
Daniel Ferreira
Estoy casi seguro que es una reseña positiva… Como sea, vayan al "Cabaret Cré Nom" y lean al señor Ferreira, si es que gustan leer literatura moderna.
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