domingo, 4 de agosto de 2013

«Cuentos bajo el fuego», de Edgardo Benítez


Cuentos bajo el fuego, de Edgardo Benítez

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Fue una muy grata sorpresa leer este libro de Edgardo, que conocí en foros literarios primero y luego en las redes sociales. Digo que sorpresa porque yo anticipaba un libro de relatos similares a los que recordaba haber leído antes con su firma, pero no en vano han pasado los años, y las cualidades innatas de escritor han florecido en ramilletes fragantes y de colores vivos, mientras que las ocasionales transgresiones contra la santa RAE se disuelven en el fondo del lago del olvido.

Para comenzar, debo confesar que no estoy de acuerdo con el prólogo. Comprendo que es una apreciación personal de la autora del prólogo, pero su comentario me predispuso a pasar por los cuentos con una actitud distinta a la que se asentó en mí al final de la lectura: mientras que el prólogo me aconsejó a pasar por cuentos rebosantes de imaginación extravagante, la realidad de la lectura me dejo felizmente atónito ante cuán cerebral resultó la experiencia completa.

Hubo dos indicaciones de cuánto disfruté de este libro. Para comenzar, hoy en la mañana me disponía a dormir (trabajo de noche), cuando pensé en hojear el libro de Edgardo. Vi el índice y pensé que me tardaría unos días en leer veintiún cuentos. Pero media hora después maldecía mi suerte, porque setenta y pico páginas se me hicieron pocas. A falta de más, tuve que leer de nuevo los cuentos que más me gustaron. No voy a comentar uno por uno aquí, pero quiero dejar constancia de que, cuando finalmente concilié el sueño, la cebra insistía en apoderarse del edredón.

La segunda indicación de que me gustó este libro es algo menos personal, pero más subjetivo. Cuando puedo hacer comparaciones con los íconos culturales modernos, quiere decir que algo me gusta… Claro, a menos que esté siendo irónico, pero no es el caso aquí. Recuerdo que Stephen King escribió sobre su libro Pesadillas y alucinaciones (Nightmares & Dreamscapes) que en su familia se hicieron un reto para que cada uno de ellos eligiera una ilustración que inspirara un cuento. Bueno, todo lo contrario me sucedió con los cuentos de Edgardo: sus cuentos me rellenaron las meninges de imágenes estrafalarias, que entre más incoherentes y descabelladas, más se parecían a mi vida personal.

Las imágenes bonitas que Edgardo me pintó en las sienes se parecen más bien a las vidas ajenas…

D

4 comentarios:

Edgardo Benitez dijo...

Gracias, Daniel, por tus palabras.

Daniel A. Franco dijo...

Al contrario, Edgardo, gracias a ti por tus palabras en el libro. Me hicieron meditar largo y profundo.
D

Esther dijo...

«Las imágenes bonitas que Edgardo me pintó en las sienes se parecen más bien a las vidas ajenas…»
Quédome pensando…

(¿Y ahora, luego de leer esta reseña, qué escribo en la mía que parezca original o aunque sea un poquito seria?)

La cebra es mi favorita del mundo mundial (como diría pepsi, jaja).

Abrazos!

Daniel A. Franco dijo...

Bah, Esther, que lo mío no es sino una apreciación personal. Estoy a punto de irme a tu blog a ver qué dijiste sobre el libro de Edgardo. Siempre es muy interesante ver otras opiniones mejores escritas y más inteligentes.

Voy pa'llá

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