domingo, 10 de junio de 2012

"Prometheus (2012)", dir. Ridley Scott

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Bueno, entiendo que a Prometeo, la figura mitológica, le achacan la hazaña de haber creado a la humanidad al hacer figuras de barro. Supongo que ese es el trasfondo de la película de estreno de Ridley Scott.

Hoy la vi en uno de esos teatros con proyección digital, sistema de sonido de lujo y en tercera dimensión. Casi tuve que sacar una segunda hipoteca a la casa para pagar la entrada.

Me entretuvo bastante por lo bien realizada que está. Con respecto al aspecto técnico, es una producción impresionante, con una profusión de detalles tal, que pareciera obligatorio ver la película varias veces para poder siquiera comenzar a hacer sentido de todo lo que presenta la pantalla. Es de tanta densidad visual que pareciera golpear al público en las retinas.

El desarrollo del suspenso es bueno a ratos. Durante el último tercio de la función, la tensión lograda es a veces agobiante. Yo por lo general no me emociono mucho con las películas, pero Prometheus me tuvo retorciéndome un rato en la butaca, con tal de poder evitar morderme las uñas.

«¡Sácalo!», gritaba ella, y yo rechinaba los dientes y entornaba la mirada, tratando de aparentar ecuanimidad ante semejante escena. Oh, las grapas…

Pero fuera de eso, de la virtuosidad del logro técnico que representa esta película, la trama me dejó diciendo en mis adentros el comentario típico de Internet: «Meh…».

Se puede resumir la película completa de la siguiente manera: si has visto el avance teatral, has visto muchos momentos claves de la película. Es un largo prólogo a lo que es una obvia serie de películas futuras. Al final, me quedé esperando a que ahora sí comenzara la historia principal. Pero no sucedió. Opino que más bien debería haberse titulado "Epimetheus", pero solo porque soy un nerd…

Mi escala para calificar las películas es la siguiente:
Uno.— «No mames…»
Dos.— «Pinche churro…»
Tres.— «Bueh…»
Cuatro.— «No, pus' chido…»

Esta película es algo especial, y se merece que la califique con un Uno… y con un Cuatro. O sea, vayan a ver esta película. Cómprense unas palomitas de maíz tamaño poca-madre y medio galón de Coca-Cola, porque les van a hacer falta para calmar los nervios las dos horas que dura la película. Y después miéntenme la madre por haberles recomendado que fueran a verla.

D

1 comentario:

Beren dijo...

Con las ganas que tenía yo de verla, y ya es el segundo que me comenta que merece la pena verla, pero según sales te vas arrepintiendo. En fin, habrá que esperar a la pre-precuela

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