domingo, 11 de julio de 2010

Los cimientos

Sección SEA BUEN ALBAÑIL, de la revista literaria Prosofagia

Los cimientos


[…] si el colegio exigía precisión no era por pedantería, ni mucho menos por una disciplina moral arbitraria, sino una gentileza, una delicadeza. Empecé a ver que el lector que pierde los aspectos sintácticos de un poema también está perdiendo aspectos poéticos.

—C.S. Lewis


De acuerdo, entonces: lo más importante al erigir una mansión de letras son los cimientos. Pero en realidad hay que prestar atención a otros detalles adicionales antes de empezar a cavar una zanja y tratar de colar las columnas de soporte. Hay que saber si el terreno donde nos disponemos a construir es el adecuado. Tenemos que conocer la calidad del lote.

En nuestro caso, con respecto a “la escribida”, podríamos decir que los cimientos y las herramientas con las que construiremos nuestros fantásticos castillos en el aire son las reglas gramaticales del idioma. Pero el terreno donde haremos esto es el idioma mismo. ¿Qué conocemos sobre nuestro lenguaje? Quizá sepamos hablarlo bien. Tal vez hasta lo escribamos mejor. Pero, al
menos en mi caso particular, recientemente me enteré sobre sus orígenes y algunas de sus peculiaridades. Pienso, pues, que quizá sea edificante repasar algunos de estos datos olvidados o desconocidos.

Resulta que todo esto es culpa de los romanos.

No, no es ningún non sequitur. Es la pura verdad. De hecho, ¿sabían que la primera gramática latina la escribió Julio Caesar? Aparte de abogado astuto y militar consumado, era superdotado en eso de los idiomas. Pero como decía, los romanos sometieron bajo su dominio a la mayor parte del mundo europeo y al Oriente Medio por más de mil años. Después hicieron lo que todo
imperio en la historia del mundo ha hecho y se disiparon en su decadencia, mientras los pueblos celtas, germánicos y eslavos iban ganando terreno en las provincias más apartadas y las provincias centrales iban cayendo presas ante invasiones extranjeras. Claro, mientras mantuvieron su poderío impusieron el idioma oficial del Imperio sobre todos, exigiendo que cualquier discurso legal y “válido” fuera en latín formal. Durante este tiempo sus soldados y mercaderes pululaban por los países, hablando su versión vulgar del idioma, sembrando
raíces del latín en muchos idiomas europeos, y acarreando palabras estrafalarias y alienígenas de otros idiomas a todos los rincones del Imperio.

Por supuesto que en las provincias abandonadas del Imperio la gente comenzó a desarrollar su dialecto local, y al asimilar muchos vocablos latinos y extranjeros fueron incorporando y adaptando la estructura del latín a su dialecto, mientras que al mismo tiempo terminaron modificando y transformando sus idiomas en algo nuevo.

En la Península Ibérica, la antigua Hispania, hubo otro suceso que
tuvo gran influencia en el desarrollo del idioma. Aparte de encontrarse a la deriva tras la caída del Imperio romano en el siglo V y que durante tres siglos hubiera otros pueblos y lenguas que fueron influyendo sobre el latín vulgar hablado en la Península, en el siglo VIII los musulmanes invadieron la región. Esto la dividió en dos zonas lingüísticas. En la zona de al-Ándalus se hablaron dialectos romances mozárabes, árabes y bereber. Y en la región del centro
norte, donde pocos años después se formaron los reinos cristianos, comenzó la evolución divergente del idioma que resultó en las modalidades romances catalana, navarro-aragonesa, castellana, astur-leonesa y gallego-portuguesa.

Luego, al final del siglo XI comenzó la denominada nivelación o asimilación lingüística entre estas lenguas (sin olvidar que el vascuence tuvo también gran influencia en ese desarrollo), pero principalmente entre las de la zona central de la Península, lo que dio como resultado el idioma hoy conocido como español o castellano.

Claro, no se pueden resumir mil años de historia en cuatro párrafos ni incluir todos los otros sucesos importantes de esas épocas, como el desarrollo de los otros idiomas importantes en esa región que mantienen hasta hoy presencia y relevancia, y por eso recomiendo que cada lector interesado consulte en sitios confiables en Internet o en su biblioteca local los detalles
concernientes a este período histórico. Sobre todo porque faltaría repasar otros mil años de historia hasta llegar al presente, para poder llegar a conocer el panorama general de nuestro idioma en la actualidad.

Así comenzaríamos a conocer bien el terreno donde hemos de construir nuestros fabulosos torreones léxicos.

D

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