martes, 7 de febrero de 2012

"El legado", de Blanca Miosi

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Apenas el fin de semana pasado terminé de leer este libro, El legado, de la famosa autora Blanca Miosi.

Es un libro de ficción histórica que hace muy buen uso de todos los huecos y brechas que existen entre los hechos históricos de los conocidos personajes que aparecen allí. Claro, no existen próceres ni monstruos en el mundo que se les haya documentado cada instante de su vida… Entonces, la autora entreteje la trama allí, en esos nichos posibles, y dota a la fantasía que nos relata de un posible aire de realidad.

Pero más que la posible factibilidad de los hechos relatados en la novela, lo que logra dotarlo de ese dejo a memoria olvidada es la abundante evidencia de que los protagonistas tan solo eran humanos (y se podría decir esto, en especial, de los antagonistas). Es la coherencia de su proceder, y sobre todo la de sus flaquezas y debilidades, la que nos permite imaginar que los personajes que conocemos dentro de las páginas alguna vez caminaron en nuestro mundo.

Dos cosas en particular me parecieron notables en esta novela.

La primera es que hay un vaticinio que agobia a cada uno de los protagonistas y antagonistas, mas no obstante nunca se menciona ni completo ni en su contexto. Es decir, no existe escena alguna donde aparezca articulado por su oráculo, o donde se explique cómo o qué condujo a su pronunciamiento. Eso me trajo gratos recuerdos de otros autores que han usado el mismo dispositivo para crear una coherencia interna y dotar al mundo que han creado con su pluma de sus propia vida secreta, que al final y al cabo es tal y como sucede en el mundo real. Entre otros, Frank Herbert, Bruce Sterling y David Wingrove han hecho lo mismo.

La segunda es el desenlace de la novela, que no voy a mencionar con detalles aquí, pero que me demuestra que la autora todavía tiene confianza en sus lectores, y les ofrece ese final como un obsequio, como diciendo «hasta aquí llegó mi pluma, lo demás corre por su cuenta».

Hay algunos detalles que me parecieron desafortunados, pero no lograron disminuir casi nada la placentera experiencia de haber leído el libro. Por ejemplo, existen algunas erratas, pero me atrevo a pensar que solo existen en la versión Kindle. También, hay dos o tres ocasiones en las que, sin requerirlo la trama, el registro del lenguaje usado cambia notablemente y solo por dos o tres oraciones.

En resumen, es un libro que recomiendo leer a todo el que disfrute de dejar volar la imaginación y preguntarse de vez en cuando: «¿qué pasaría si tal o cual cosa hubiera sucedido de esta otra manera…?»

D

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