jueves, 2 de febrero de 2012

Zombicalipsis (para Pepsi, porque sí)

Jiang Shi Pérez comenzó hoy a sospechar que había fracasado de manera total y espectacular en el acto de morir en definitiva…

Cada día despertaba a la misma hora después de haber dormido mal y poco cada noche, y de haber soñado las mismas pesadillas amorfas e insondables. Después de levantarse, se cepillaba los dientes y se enjuagaba las legañas antes de evacuar cada mañana. Se desayunaba una taza de café con una rebanada de pan tostado sin mantequilla, y entre mordisqueo y sorbo posaba sin interés la vista en las noticias del periódico, que le informaban las mismas noticias que ayer o antier, aunque con distintas letras: política y crimen, guerra e injusticia. Por costumbre completaba el crucigrama, y le parecía haber escrito las mismas palabras pero en otro orden el día anterior, o algún otro día o quizá hoy mismo…

Camino al trabajo se topaba con los mismos embotellamientos de tráfico en las intersecciones habituales, y se aparcaba en el mismo espacio en el estacionamiento. Saludaba con timidez a la recepcionista, y de pasada revisaba de reojo si la minifalda de ella seguía perdiendo su lucha heróica por cubrir siquiera otro centímetro cuadrado de muslo. En su cubículo, se pasaba gran parte del día realizando las mismas faenas que ayer o antier o cualquier otro día. En sus ires y venires a la cafetera y al garrafón del agua entablaba el mismo ritual de siempre, que se hacía pasar por conversación: esperaba con paciencia a que la otra persona terminara de hablar para que él pudiera decir lo que tenía en mente, aunque no siempre encajara bien lo dicho por uno con lo del otro.

Ya de regreso a su casa, miraba absorto las telenovelas que su señora esposa escogía ver toda la tarde, mientras él era la mente de un perro persiguiendo su propio rabo. La cena preparada aprisa, entre anuncios comerciales, a veces le dejaba algún mal sabor en la boca, pero no recordaba cuándo. Cuando se sometía al acto sexual, que por infrecuente debería ser memorable, apenas si le aceleraba el pulso durante los pocos minutos que duraba…

Jiang Shi Pérez comenzó hoy a sospechar que en algún momento de su vida, cuando todavía la vista le pintaba el mundo con colores vivos en la mente y el resto de los sentidos eran llamarada, cuando la esperanza era algo más que meras cuatro sílabas, cuando la inmediatez de los sueños estaba todavía a menos de un palmo de distancia, él murió. Pero no en definitiva. Fue casi completamente muerto total integral global, pero no mucho, o no tanto que no lo notara. Y esa situación postvida, o de necropsia pública, o de discapacidad vigorosa, lo dejó inerme ante cualquier negromante de pacotilla: cualquier gobierno, cualquier corporación, cualquier mujer…

Al siguiente día, Jiang Shi Pérez despertó a la misma hora después de haber dormido mal y poco en la noche.

D

1 comentario:

pepsi dijo...

Mooooooooola! Aunque toy recién levantada, tomando café y medio legañosa, ya me ha dejado este relato detalles jugosos para ir rumiando luego antes de volver. Como el singular nombre del tipo, una palabra nueva para mí (y realmente bonita): antier. Y algo que me ha molado mucho de este zombie (hay variass cosas, pero esta es genial): que esperaba a que su interlocutor terminara de hablar, pero, jajjaa, es que me hizo una imagen mental del pobre señor Pérez-zombie frente a una cabeza parlante. Ay!, mi señor Pérez-zombie, que a las cabezas no hay que esperarlas, sino comerlas el cerebro!!!

Me gusta este zombie. Luego vuelvooo!, gracias, D.

pepsi

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