sábado, 28 de agosto de 2010

Las herramientas y los materiales

De la serie de ensayos "Sea buen albañil", que aparecen en la revista literaria "Prosofagia".

En vista de que este tema del terreno de construcción —nuestro idioma español— es muy extenso y apasionante, mejor hagamos una pequeña pausa en nuestra exploración de ello. Y aprovechemos esta oportunidad para definir algunas de las herramientas y materiales que todo buen albañil debe esgrimir con pericia.

Primero hablemos sobre la gramática. ¿Qué es? Resulta que si nos hemos de fiar del diccionario de la Real Academia Española entonces es «la ciencia que estudia los elementos de una lengua y sus combinaciones». Pero también la define como «el arte de hablar y escribir correctamente una lengua». De inmediato surgen dos dudas: ¿es ciencia o es arte, entonces? También, cuando dicen “correctamente”, ¿no es un poco demasiado engreído de su parte? Pero meditemos. Si la gramática es una ciencia, entonces estamos hablando del «conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales», de acuerdo al diccionario. Pero si fuere un arte se podría suponer que su valor es estético y por lo tanto subjetivo, de acuerdo a los requerimientos de quien la use. Sin embargo no es así. Casi desde que se comenzó a formalizar el idioma ha existido la idea errónea de que un hablante nativo de la lengua no necesita saber de gramática, puesto que sabe hablar su propio idioma desde que apenas era un párvulo. Pero la realidad es que no es suficiente hablar el idioma. Es menester expresarse con claridad y precisión, y por eso es indispensable conocer la gramática. Al final de cuentas, el diccionario tiene razón: la gramática es el arte de hablar bien. Y es toda una ciencia porque la manera como se establece la pauta para hablar bien es a través de lineamientos y normas. Algunos de estos lineamientos tienen la suficiente flexibilidad para acoger las peculiaridades del habla cotidiana de cada persona, y algunas de las normas son inapelables, pero porque nos permiten reconocer el terreno firme donde todo el que hable español podrá echar cimientos y levantar muros de palabras. Entonces, cuando la Real Academia Española define la gramática como el arte de hablar y escribir correctamente no lo hace porque juzgue inferiores a otras maneras de usar el lenguaje sin acatar las normas, sino porque reconoce que esa claridad y precisión de hablar y escribir bien solo se puede lograr acatando dichas normas.

La gramática logra ser ciencia y arte porque en realidad consta de dos partes. La primera se enfoca en el número, propiedad y función de las palabras, mientras que la segunda trata sobre el orden y concierto que deben tener entre ellas para expresar toda idea con claridad.

Así como la albañilería cuenta con miles de herramientas y materiales específicos para usos esotéricos y detalles peculiares, la gramática también se vale de muchos recursos para el buen uso del lenguaje. Sin embargo es posible resumir la miríada de particulares al describir su uso general, por ejemplo: habrá destornilladores planos, de cruz, hexagonales, etc., pero son todos destornilladores. Hagamos lo mismo con el idioma y sus partes. A grandes rasgos se puede decir que el lenguaje consta del habla. El habla es un conjunto de palabras acomodadas en un orden específico que permite expresar ideas. Al conjunto de palabras las llamamos oraciones o sentencias, y a las palabras las clasificamos de acuerdo a su uso general o a su estructura. En español tenemos varios usos generales para las palabras. Pueden ser nombres, pronombres, artículos, verbos, participios, adjetivos, adverbios, preposiciones, conjunciones o interjecciones. De todos estos tipos de palabras, las más importantes en el lenguaje son los verbos. Así como todo buen albañil sabe discernir entre las partes indispensables de un edificio y las florituras superficiales, quien quiera hablar y escribir bien en español debe aprender a reconocer que las herramientas y materiales esenciales del idioma son las oraciones determinativas. Estas incluyen un verbo, su complemento directo, complemento indirecto y, en ocasiones, un sujeto. Es decir, palabras que describan una acción y que contesten las preguntas ¿qué?, ¿a quién? y, si fuera necesario, ¿quién? El resto de las palabras que no sean parte de una oración determinativa serán complementos circunstanciales que, aunque proporcionen información adicional, no son esenciales para expresar una idea.

Es posible que al meditar sobre tantos detalles, un escritor se sienta como albañil novato apabullado por una gran pila de materiales variados y exóticos, y al pie de un gran estante lleno de herramientas de alta precisión y usos únicos. Y tendrá razón en imaginarse que va a tomar larga práctica y sudoración hacer buen uso de todo eso. Consuélese, pues, pensando que es necesario para erigir castillos y palacios primorosos. O confórmese con solo saber levantar chozas y cobertizos el resto de sus días.

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